28.5.08

¡ NO LOS SUELTES EN EL CAMPO!




Los galápagos de Florida se venden en tiendas de animales como una simpática
mascota. En nuestro país proliferó la venta de este animal de origen estadouninense en los noventa y principios del año dos mil. Ahora, nuestros ecosistemas están sufriendo las causas de esta venta indiscriminada, ya que muchos de los compradores terminaron por liberar a estos galápagos en el medio natural. Los adquirieron cuando eran ejemplares jóvenes y de tamaño pequeño. Sus dueños podían cuidarlas en un pequeño acuario.

Pero el problema llega, pasados tres o cuatro años, cuando alcanzan los 25 y 30 centímetros. La inversión que hay que realizar en un acuaterrario, sistema de filtrado de agua y los malos olores y el trabajo que conlleva la limpieza de un recipiente de grandes dimensiones, provocan que muchos dueños las liberen pensando que es lo mejor para sus mascotas. Nada más lejos de la realidad. Los perjuicios que pueden llegar a causar estos animales al ecosistema son cuantiosos.

La principal causa responde a su voracidad, se alimentan de casi todo, pero también a la implantación de su territorio. Se entrometen en un espacio y tratan de desplazar a la fauna autóctona. Atacan a los anfibios y a los peces, además de defenestrar del lugar a los galápagos autóctonos, el Galápago Europeo y el Leproso, a quienes terminan por hacer la vida imposible con sus mordiscos en las extremidades. Huevos, renacuajos y hasta adultos de todo tipo de anfibios y peces de todas las dimensiones, figuran entre sus presas. Son capaces de morder a todo lo que se mueva, desplazando y debilitando a estos animales. Se atreven con ejemplares de todos los tamaños. Además, en España ya se ha comprobado su reproducción en algunas áreas mediterráneas.

SE ENCUENTRA ENTRE LAS 100 ESPECIES INVASORAS DEL PLANETA

El galápago de Florida está considerado como una de las 100 especies más invasoras de todo el planeta, según el Grupo de Expertos de Especies Invasoras (ISSG) de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN). También el Grupo Especialista en Invasiones Biológicas lo ha incluido entre las 20 especies invasoras más problemáticas en España en una de sus publicaciones.
Además de las trampas de captura que algunos organismos instalan para controlar las poblaciones en ríos y lagunas y las capturas que realizan los agentes forestales, es necesario que los ciudadanos se conciencien del problema.
En el Parque Nacional de Doñana, los biólogos de la EBD localizaron una nutrida población de este animal en la laguna del Acebuche, junto al centro de interpretación de este espacio protegido que se levanta cerca de la pedanía almonteña de Matalascañas (Huelva). También observaron individuos aislados en el arroyo de La Rocina, junto a El Rocío. En todos los casos se trata de zonas húmedas, de aguas permanentes, que registran un importante tránsito de personas que son, en definitiva, las que provocan esta invasión con las sueltas indiscriminadas.

Allí se ha estudiado durante varios años el comportamiento de estos galápagos. Aunque se tenían algunas evidencias indirectas a propósito de la reproducción en libertad de esta especie, ha sido en esta zona donde los investigadores, por primera vez en Europa, han conseguido localizar algunos nidos de esta especie y asistir a la eclosión de los huevos. "La detección de nidos en el campo es muy compleja", explican los investigadores, "y en este caso, y a pesar de nuestra larga experiencia con otros animales parecidos, hemos tardado tres años en poder localizar algunos nidos".
En algunas Comunidades, asociaciones ecologistas y centros de recuperación de fauna, han construido lagunas artificiales con el fin de albergar a los ejemplares de Galápago de Florida que aquellas personas deseen entregar.
Nunca debemos liberar estos animales en el campo por el grave riesgo que ello supone y porque estamos incurriendo en una infracción que está incluso tipificada como delito en el código penal. “El que introdujera o liberara especies de flora o fauna no autóctona, de modo que perjudique el equilibrio ecológico, contraviniendo las Leyes o disposiciones de carácter general protectoras de las especies de flora o fauna, será castigado con la pena de prisión de cuatro meses a dos años o multa de ocho a veinticuatro meses”, aunque la mayoría de estas infracciones terminan en una falta administrativa que supone una multa, como refleja la Ley de la Biodiversidad en su artículo 52, Garantía de Conservación de especies autóctonas silvestres.

1 comentario:

Glayo dijo...

Por desgracia, este problema ya lo tenemos en un buen número de arroyos y lagunas de nuestra geografía.
Muy buen artículo.