26.5.08


EL ÚLTIMO LOBO DE LA SIERRA DE SAN PEDRO

Oakgreen, apodo por el que es conocido, es un veterano Agente Forestal de Extremadura enamorado de su profesión. Día tras día nos deleita con sus relatos en la página agentesforestales.es. Nos cuenta sus experiencias y en ellas se percibe que vive la profesión con pasión. Soy seguidor de sus historias desde hace un par de años y deduzco por lo que transmite, que es una de esas personas que hacen mucha falta para seguir combatiendo la defensa del medio natural en esta sociedad cada vez más artificial.
No he dudado en ponerme en contacto con él para compartir uno de sus comentarios con los lectores de La Ventana Forestal. Asegura, que sus seguidores, "sois muy benébolos conmigo y por ello seguiré escribiendo mis vivencias".

El texto narra la muerte de los dos últimos lobos que vivieron en la cacereña Sierra de San Pedro, en el límite sur oeste de la provincia de Cáceres con Badajoz. Corría el año 1989.
El relato comienza aquí, espero que lo disfruteis.

"A ver Badajoz Sur si recibe a la central, cambio.

Nos encontrábamos en el Arroyo El Entrín. Ayudaba a la patrulla móvil Badajoz Sur, compuesta por el Jefe de Comarca V. (a quien yo cariñosamente siempre he llamado mi Guarda Mayor) y por su compañero J. L., con el equipo de pesca eléctrica mientras que sacábamos barbos, carpas y bordallos con el fin de llevarlos a los acuarios de exhibición que se encontraban en Cáceres dispuestos para la inauguración de la Agencia de Medio Ambiente. Denominación novedosa con el cambio político de director general y que venía a sustituir a la Dirección General de Medio Ambiente.

J. L. acudió al coche y cogió el micrófono.

A la escucha, cambio.

Nos comunican que en la carretera de Cáceres hay un lobo muerto, a la altura de la finca L. de G., seguramente atropellado. Cuando os dirijáis hacia Cáceres con los peces tendrías que averiguar si el aviso es correcto y proceder en consecuencia, cambio.De acuerdo, ya estamos terminando y nos dirigimos hacia allá, cambio y corto.

El corazón me dio un vuelco y casi dejo caer la pértiga que llevaba en la mano, y que daba corriente a los peces, al agua. Hacia algo menos de un año que no teníamos noticias de “La Pareja” desde que se fue a la parte noreste de Sierra de San Pedro. No quise pensar en ningún momento en que se tratase de uno de ellos.
La carretera había sido restaurada y en uno de los márgenes habían echo un terraplén muy pronunciado hacia arriba. Un talud casi vertical que le impidió saltarlo con agilidad… el macho sí pudo. La hembra…no pudo, estaba gorda… se encontraba preñada.

Habíamos dejado el Nissan, con los garrafones que portaban los peces para la inauguración de la Agencia, en un camino cercano y nos habíamos acercado a la cuneta de la carretera de Cáceres donde nos había indicado la Central se encontraba el cánido.
Conforme me iba acercando, me iba dando cuenta de la tragedia.
Allí estaba la loba. En la cuneta, junto al terraplén del margen izquierdo del vial. Su vientre regordete nos indicaba el estado de preñez avanzado.
Veía impotente como la esperanza de Sierra de San Pedro se hallaba muerta a nuestros pies.Me calé la gorra ocultando los ojos mientras que tomábamos mediciones del cánido. Los compañeros no sabían de la historia, de los antecedentes. Su comarca sur de avutardas, sisones y aguiluchos cenizos no había tenido nunca lobos, ni había conocido a “La Pareja”, ni habían sabido de las ilusiones de los dos agentes de Sierra de San Pedro. Anhelos que se veían rotos aquella mañana cuando recogíamos en una bolsa grande de basura a la loba para entregarla a la Universidad de Extremadura después de haber recibido instrucciones.

No quiero entretenerme más viviendo aquella situación, solo decir que recuerdo cuando llegamos a Cáceres, cuando le conté el triste hallazgo a mi compañero de patrulla que estaba ya en el lugar de la inauguración montando los acuarios, su rostro que reflejaba, a pesar de estar más vezado en este tipo de acontecimientos, el desconsuelo de aquel instante. En un día tan celebrado éramos, seguramente, dos agentes abatidos y derrotados.

Recibíamos noticias en años posteriores al accidente de la loba de un lobo joven que estaba haciendo daños por la zona norte de Sierra de San Pedro, en Cáceres y Aliseda. Pero un día, en una montería que estábamos controlando, nos llegó la noticia. Un montero nos comentó que hacía poco habían matado en una espera nocturna de jabalíes en la finca J. R., en Aliseda, a un lobo. Era el año 1993. Averiguamos quienes fueron los cazadores. Pero no había cuerpo del delito y no pudimos hacer nada.

Desde entonces ya no hubo más ataques de lobos en Sierra de San Pedro. Alguna que otra razia nos esperanzaba cuando acudíamos a valorar los daños, pero se trataban de perros de rehalas asilvestrados que habían sido abandonados al final de alguna montería.
Ese fue el final de “La Pareja”, y el final de los aullidos de lobo en Sierra de San Pedro.

Un zorro joven nos ayudó a apartar de golpe aquellos pensamientos. Sin miedo se quedó próximo al camino a unos 100 metros de nosotros. Corrí con el coche a su encuentro intentado evadirme de los recuerdos y pudimos verle junto al vehículo, observándonos casi sin inmutarse. Duró unos segundos, luego corrió alejándose.
Mal me pese, pues seguramente los veré desaparecer cuando se abra la veda. En este oficio, uno no se puede enamorar de su trabajo.

Era ya casi de noche cuando llegamos a C. L., y en el cortijo se encontraba el guarda de la finca, que vivió junto con nuestra patrulla el último lance de los lobos en Sierra de San Pedro en el término municipal de Alburquerque.

Volvíamos hacia la una de la madrugada de una montería en una finca colindante con esta, nos topamos con el vocerío de la gente de la finca y con varios pastores gritando “!Los lobos, los lobos¡”. Saltamos del coche y corrimos a la cerca donde las ovejas estaban estabuladas, justo cuando “La Pareja” se perdía entre el monte oscuro en dirección al cerro de La G.

Teníamos miedo. - corroboraba A. mientras que nos acercábamos al lugar donde, por aquel entonces, se encontraban los corrales- Cuando S. y Oak salieron corriendo hacia los lobos, ya nos atrevimos a entrar en el cerramiento y contemplar el desastre.

Ahora ya no había ninguna cerca, todo era una dehesa donde el ganado ya no pernoctaba, se encontraba estabulado en otro sitio más cercano al cortijo, pero aún así descubrí la zona donde vimos en la distancia perderse a “La Pareja”, y recordé las ganas que en aquel entonces me entraron de correr tras de ella y camuflarme en la noche en su compañía, pero teníamos que quedarnos para valorar los daños y ayudar a los pastores a recoger las ovejas.
Me di cuenta entonces que aquella noche de 1988 no fui consciente de que no volvería a ver a “La Pareja” de Sierra de San Pedro viva nunca más y que, de haber caído en aquel momento en ello, seguramente me hubiera perdido en la mancha tras de su último recuerdo seguido de mi primer impulso".

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