4.6.08

LA PATRULLA ANTI-VENENO DE CATALUÑA


Pocas veces sus méritos salen a la luz en los medios de comunicación. Los agentes forestales son aún grandes desconocidos para el público en general. Pero su trabajo en la defensa del medio natural es ímprobo. En esta ocasión nos hacemos eco de la patrulla anti-veneno de los Agentes Rurales de Cataluña, un equipo pionero en España, especializado en perseguir los delitos de quienes intentan aniquilar a la fauna a través de veneno.

La patrulla está compuesta por cuatro agentes que desde el año 2003 ha resuelto más de veinte casos de envenenamientos de fauna. Gracias a su trabajo, se ha puesto a disposición judicial a más de 25 personas.
Entre sus últimas actuaciones figura la condena de 14 meses de prisión a un vecino de Tárrega que utilizó cebos envenenados para cazar animales en un coto de Altet. Los hechos se remontan al año 2005, cuando una patrulla del cuerpo de agentes rurales de la Generalitat descubrió que esta persona había colocado trozos de embutido mezclados con productos tóxicos para atrapar animales. Según descubrieron posteriormente los agentes, entre los meses de junio y octubre de ese año, esta persona había matado, usando esta técnica indiscriminada, hasta siete ejemplares, entre ellos algunos pertenecientes a especies protegidas, como un gato montés y varias aves rapaces

LOS ORGANOFOSFORADOS Y CARBAMATOS VAN SUSTITUYENDO A LA ESTRICTINA

La estricnina, comúnmente utilizada en los años 92 a 95 ha sido sustituida por insecticidas y pesticidas organofosforados y los carbamatos, como el Aldicarb o el Carbofuorano, con un elevado poder tóxico con un solo miligramo de Aldicarb se puede causar la muerte prácticamente instantánea a un animal de un kilo de peso. Pero la propia eficacia de este producto se ha convertido, a la larga, en su principal inconveniente pues, como la muerte del animal que ingiere el cebo previamente
envenenado se produce de modo tan fulminante, el cadáver queda muy próximo al lugar donde se ha arrojado este cebo y, por lo tanto, la probabilidad de identificar a los envenenadores o los enclaves donde se mueven aumenta considerablemente. Este hecho motivó, según los expertos consultados, que, desde 1999, se incrementase la utilización de un nuevo producto cuyas propiedades lo hacen igualmente mortífero, sin el inconveniente de la instantaneidad de efectos. Se trata del Carbofuorano, un veneno que provoca una muerte retardada, con lo que el animal envenenado puede recorrer largas distancias desde el punto donde haya ingerido el cebo trampa, dificultando de este modo la averiguación de la posible autoría del envenenamiento. Es esta circunstancia, que permite el desplazamiento de los animales envenenados, durante una lenta agonía, la que, además, provoca el efecto colateral de la mortalidad indiscriminada de otros animales, entre ellos numerosas aves y mamíferos de especies protegidas.

Los cebos que más se utilizan son aquellos preparados con pedazos de carne o con huevos de pequeño tamaño, normalmente de codorniz. También se ha detectado la utilización de conejos, previamente eviscerados, gallinas enteras o troceadas, bolas de sebo, manteca, etc..., en determinadas ocasiones también han sido usados cadáveres de ovejas o cabras. La preparación de estos cebos suele seguir siempre las mismas técnicas. Así, en las bolas de carne se introduce el veneno en la parte central de la bola, de forma que no resulta visible ni olfateable para el animal al que se pretende matar. Respecto a los huevos, el veneno es inyectado a través de la cáscara, labor ésta a la que, según sospechan fuentes de Medio Ambiente, se dedica un número indeterminado de empresas que comercializan este tipo de producto de modo ilegal. En estos huevos, el veneno inyectado suele ser estricnina, Carbofurano y Fentión, aunque también se han detectado partidas en las que el tóxico inyectado era un barbitúrico habitualmente utilizado en veterinaria.

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