2.6.08

EL HAMBRE DE LOS BUITRES


Desde que los reglamentos europeos dictaron normas sobre la prohibición de los tradicionales guanos o muladares, lugares en los que los ganaderos dejaban los animales muertos y a los que acudían las aves carroñeras para alimentarse, los ataques de buitres leonados a animales vivos han dejado de ser algo inusual. Durante los últimos años, se están dando y cada vez con más frecuencia.

Para conocer una opinión de alguien que se enfrenta día a día con este problema, he querido reflejar el testimonio de una persona que lleva más de veinte años siguiendo la evolución de estas aves. Ignacio Gámez Carmona, riojano de Murillo de Río Leza, Agente Medioambiental de La Rioja y autor y coautor de varios anuarios ornitológicos de esta comunidad así como diversos estudios sobre las poblaciones y evolución demográfica de las aves de esta región.

Ignacio ratifica la disyuntiva sobre la polémica entre"los que creen real que los buitres matan ovejas y vacas sanas y quienes lo niegan rotundamente, entre quienes piensan que esto son solo casos aislados, los que consideran que esto se produce a causa de la desaparición reciente de todo tipo de muladares y quienes a todo ello lo consideran como algo normal, de toda la vida pero que ocurre poco frecuentemente.

Por mi dedicación profesional como agente medioambiental, dedicado al
seguimiento de fauna desde hace veinte años sólo puedo decir que:
-Los buitres leonados llegan a alimentarse de ganado vivo en
determinadas ocasiones, pero nunca a capturarlo.
-Cuando se alimentan de ganado vivo (ovejas, cabras y vacas), lo hacen
siempre de animales sumamente debilitados, incapaces absolutamente de
defenderse, mantenerse de pie e incluso mover alguno de sus miembros,
observandose que están vivos generalmente tan solo por su respiración,
movimientos de ojos o debiles movimientos de cabeza.
-En la mayor parte de los casos el ganado del que se alimenta
previamente a sufrido lesiones o situaciones patológicas extremas,
siendo lo más corriente encontrarse con casos de estados postparto muy
difíciles, con procesos infecciosos graves, muertes del feto, etc., en
los que en general la cría yace muerta y la hembra parturienta
totalmente postrada e indefensa.
-Cuando se dan las situaciones anteriores, los buitres empiezan
generalmente a comerse la placenta expulsada, la cría muerta y más tarde
atacan a la res moribunda, empezando por partes más blandas u orificios
naturales del cuerpo.
-Los casos de alimentación de buitres sobre ganado vivo, siempre son
sobre reses moribundas sin solución de supervivencia, si bien en algunos
casos esas mismas reses si se hubiesen tratado medicamente antes del
ataque pudieran haber tenido alguna posibilidad de supervivencia tran
una convalecencia vigilada, lo que es imposible cuando ya se han
producido picaduras y consumos parciales.
-Los casos de alimentación de buitres sobre reses vivas moribundas se
han dado desde siempre, si bien ahora pueden haberse incrementado algo
dada la escasez de cadáveres abandonados en el medio natural.
-En una altisima proporción de casos, la adjudicación de muertes de
ganado por parte de buitres son fruto de la ignorancia (el mero hecho de
ver buitres alimentandose de un cadaver) o de la picaresca (interes en
no perder por completo el valor económico del animal si existe una
posibilidad de indemnización administrativa)
-Cuando el peritaje, el servicio forense, ha de abonarse por el parte
del propietario de la res cuando se demuestra que la causa de muerte no
ha sido provocada por los buitres, los ataques denunciados descienden
vertiginosamente.
-El sentido común y la experiencia impiden aceptar que animales de 12
kilos de pesos capturen, den muerte y devoren a reses sanas de entre 30
(ovinos) y 600 (bobinos) kilos de peso, sobre todo si recordamos que
carecen de armas tan fundamentales como garras utiles para sujetar las
presa.
En definitiva, los buitres devoran reses vivas desde siempre, pero solo
cuando estas yacen sin defensa alguna, moribundas, y en un posible
número cada vez mayor debido a la escasez de cadáveres, no debiendose
indemnizar a los propietarios de las reses salvo cuando veterinarios
forenses ajenos a las explitaciones, certifiquen que las reses
devoradas aún vivas pudieran haberse recuperado si no hubiese tenido
lugar la actividad de los buitres, ya que en caso contrario no se hace
sino fomentar picarescas contraproducentes".

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