14.10.08

EL NACIMIENTO DEL PITARQUE


Os presento otra entrega de mi viaje a tierras turolenses. En esta ocación os hablo del nacimiento del río Pitarque, un bellísimo enclave que en su día conocí gracias a la serie "Un País en la mochila", uno de esos espacios que se añoran en Televisión.
Como un día le comenté a su autor José Antonio Labordeta, en un casual encuentro en el Metro de Madrid, este programa suele ser mi remedio contra la telebasura. Cuando no hay nada interesante que ver, por desgracia con bastante frecuencia en la tele, recurro a los vídeos de este ilustre aragonés.

¿Para cuándo otra serie que nos lleve a lugares recónditos de la España desconocida?
O que nos hable de esos oficios perdidos de las zonas rurales. Pero ya se sabe, y como un día me comentó un realizador de Televisión Española, "venden más los cotilleos. Las audiencias mandan y esos programas que a ti tanto te gustan no son rentables".

A mi personalmente Un País en la Mochila me ha llevado a una decena de sitios que sin este programa no hubiera conocido. Y que gran verdad es esa de "no conocemos España".

Y gracias a ellos tenía pendiente un viaje a algunos puntos del Maestrazgo turolense y uno de ellos, magnificamente descrito por Labordeta, era este nacimiento del Pitarque, un lugar de ensueño desconocido por muchos. Lo que más me llamó la atención en los pueblos de Teruel fue que, por pequeños que fueran contaban con una oficina de turismo dotada con planos, rutas, publicidad de todo cuanto pudiera concitar interés al viajero.

Esta ruta arranca del pueblo de Pitarque, y transcurre en su totalidad paralela al río. Permite llegar hasta el llamado "Nacimiento", fruto de las surgencias del río desde la roca caliza. En este recorrido, podemos disfrutar con los impresionantes farallones que flanquean el desfiladero, con el vuelo del águila, o con la pureza de las aguas. Y es accesible para todos, al transcurrir en suave pendiente en toda su longitud. La ida y vuelta suponen algo más de dos horas.

Pitarque es un precioso pequeño pueblo del Maestrazgo turolense situado 998 m. sobre el nivel del mar, dentro de un valle de paisajes inéditos que le otorgan una personalidad, propia de los enclaves con encanto y atractivo. Dos túneles horadados en la roca a principios del siglo XIX permitieron el acceso por carretera a este pueblo. Por su vega corre el río del mismo nombre, de aguas vivas y cristalinas donde se amontonan cascadas y charcas cuyo fondo no se tiene que adivinar, está ahí, delante del observador invitando a penetrar en ellas los días de solana veraniega acompañadas de los chopos, zarzales y helechos dándole agradable sombra a las pequeñas praderas de sus orillas. Las truchas nadan tranquilas durante la temporada de veda junto con las nutrias, las ranas cantan en toda época, los pájaros beben de su agua y más cien buitres sobrevuelan contemplando desde lo alto este apacible entorno. Buitres que forman parte del paisaje de Pitarque, las paredes rocosas de los macizos que le rodean, son el escenario perfecto para estas aves rapaces que, tras largos años de protección, hoy abundan por aquellos parajes.

UN CAMINO SIN DIFICULTAD

La senda empieza en el mismo pueblo de Pitarque, en su primer tramo coincide con la GR.8 que va desde Pitarque a La Cañada de Benatanduz , desviándose posteriormente por un camino que se encuentra a la derecha, situado entre la ermita de la Virgen de la Peña y la Central Eléctrica. Este camino remonta y pasa junto al inicio de la tubería de la central, conduciéndonos al mismo Nacimiento del Río Pitarque.

El trazado discurre por un camino encajonado entre altas paredes calcáreas que nos conduce hacia aguas cada vez más violentas que nos anuncian la presencia de la espectacular cascada que da luz al río.
Le da a luz una roca, una gran roca que allí mismo, se convierte en su primera cuna formando una charca clara y profunda que vierte su agua en cascadas de espuma blanca. Cómo si de cualquier nacimiento estuviéramos hablando, su gestación es kilómetros más arriba, pero allí no se ve, sólo se le intuye correr de forma subterránea y de pronto, como cualquier parto, aquella roca rompe aguas y nace el Pitarque. Tiene una vida corta, pero intensa, muere igual que nace, con la misma fuerza, claridad y pureza. Es un río espléndido.

En este camino tenemos una parada obligada en la ermita de la Virgen de la Peña, pequeño templete de una nave levantado con mampuesto y tejado a dos aguas.
El recorrido puede realizarse por cualquier persona que cuente de cierta movilidad, ya que no ofrece dificultades que exigan una gran preparación o destreza.

1 comentario:

Mary dijo...

Increibles las fotos.